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Los personajes 
de 2022

Las mujeres y hombres que 
marcaron el año que termina

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Fue el año del Mundial y el de la guerra en Ucrania. También el año del caso Astesiano. Nos empezamos a olvidar de la pandemia, crecieron las guerras entre bandas narcos y conocimos a Sebastián Marset. Murió la reina Isabel II y asumió Carlos III. Uruguay avanzó en una reforma de la seguridad social, aún con final incierto. Todos (o muchos) hablamos de Wanda Nara. Una artista llamada Tini se convirtió en la primera en agotar un Estadio Centenario completo en una década y, en un hecho histórico, un futbolista llamado Luis Suárez volvió a jugar en Nacional. Federico Valverde pasó de Pajarito a Halcón y una anónima y comprometida científica fue clave para empezar a develar el caso Lola.

El País publica este anuario 2022, que de alguna manera sintetiza todos esos acontecimientos.
Elegimos 12 personajes y aquí publicamos sus perfiles.

Luis Suárez

Es uno de los personajes de 2022 por su vuelta a Nacional en el semestre previo a su último Mundial. Por todo lo que generó en Uruguay y las repercusiones que ocasionó en el resto del mundo. El llanto tras la eliminación de Qatar conmovió al país.

Mini bio

Nació el 24 de enero de 1987 en Salto. Realizó las formativas en Nacional, club en el que debutó en Primera. Jugó, además, en Groningen, Ajax, Liverpool, Barcelona y Atlético Madrid. Y en la selección, claro.

FRASE DEL AÑO

“Me siento orgulloso de haber tenido la 9 muchísimo tiempo en Uruguay; el próximo que la agarre, ojalá que tenga la misma ilusión que yo y que la disfrute”

El último Mundial

por Juan Pablo Romero

“Bienvenido a River Pistolero. Hay balas para todos” publicó en Twitter en la noche del 26 de junio de 2022 el periodista argentino Christian Martin, quien es el corresponsal de ESPN en Europa.

Apenas cuatro días después de ese posteo, Luis Suárez quedaría en libertad de acción, ya que todas las partes sabían que no continuaría en Atlético Madrid después de dos temporadas en los colchoneros y una en la que fue campeón de LaLiga de España, siendo el goleador del certamen y aportando goles decisivos en el tramo final del torneo.

Que iba a jugar en la MLS de Estados Unidos. Que iba a jugar en un grande de Brasil. Que iba a jugar en un equipo de mitad de tabla de España. Que tenía todo arreglado con los millonarios, después de que Enzo Francescoli y Marcelo Gallardo habían hecho las gestiones para tenerlo.

Hasta ese momento nadie imaginaba el desenlace sobre el futuro del salteño, que tenía un gran anhelo para el 2022: sumar minutos —los que fue perdiendo en sus últimos meses en Atlético de Madrid— para llegar de la mejor forma posible a jugar su cuarto y último Mundial con Uruguay. Una Copa del Mundo diferente, en la que por primera vez sus tres hijos —Delfina, Benjamín y Lautaro— juntos lo iban a poder ver y en la que podía quedar en la historia con una nueva marca: ser el máximo goleador para la celeste en este tipo de competencias. Esto último, al final, no lo lograría.

“Si llegué a pensar e ilusionarme con la posibilidad de River, lo mismo pasaría con la de Nacional, que fue mi casa. Estoy sorprendido que los dirigentes de Nacional ni siquiera me llamaron para conocer mi situación”, le dijo Suárez a Ovación en la mañana del 7 de julio. Esas declaraciones fueron el detonante de la ilusión. Despertaron miles y miles de corazones, que hasta ese momento nunca se había imaginado que el Pistolero podía volver a Nacional. Que podía volver en este 2022. Vigente y después de haber jugado en el fútbol de elite. El propio Suárez se encargó de poner a Nacional en palabras y descartó por completo la chance de River Plate, equipo que había quedado por el camino en la Copa Libertadores inesperadamente contra el Vélez del Cacique Medina.

Ese guiño del atacante de 35 años hizo motivar al presidente José Fuentes, quien con mucha autocrítica dijo en el programa Último al Arco de Sport 890, en la misma tarde en la que Suárez había hecho esas declaraciones, que lo iba a llamar, que el salteño tenía las puertas del club abiertas de par en par y que nunca pensó que Nacional era una opción para Suárez en este momento de su carrera. El resto es historia conocida. Ante la demora de una respuesta del Pistolero, el titular de los tricolores hizo un viaje exprés a Europa, se reunió con Suárez en España y arengó a los hinchas a seguir con la campaña que habían empezado. Fuentes fue aún más allá. Afirmó que había quedado contento con el encuentro y que la expectativa por tenerlo era aún mayor.

Las redes sociales explotaron. Suárez recibió una muestra de cariño por parte de los hinchas de Nacional nunca antes vista. Medios de todas partes del mundo se hicieron eco de la movida de los fanáticos albos, que inundaron Twitter e Instagram con videos, mensajes y posteos dirigidos al atacante. No se podían identificar las cuentas en la red social del pajarito a no ser por el nombre de usuario, porque la imagen de Suárez con la camiseta de Nacional —que fue creada por los medios partidarios que siguen al Bolso— acaparó las fotos de todos los hinchas tricolores.

El gran día llegó. Como obra del destino, como cosa de mandinga, o como una jugada maestra de lo que usted crea, exactamente un mes después de la afirmación de Christian Martin, el 26 de julio y en la tarde de Uruguay, Luis Suárez hizo un video en el que confirmó que en el segundo semestre del año jugaría en Nacional. Nervioso, bien afeitado, con una remera blanca contra una pared del mismo color, y con las manos en los bolsillos de su bermuda, el Pistolero hizo llorar a muchos fanáticos.

El máximo goleador de la historia de la selección uruguaya, ese joven que se había ido al Groningen de Holanda buscando estar más cerca de la que hoy es su esposa (Sofía Balbi), ese joven que hizo que muchos uruguayos se levantaran temprano para verlo con Liverpool en la Premier League, ese jugador más maduro que se convirtió en estrella del Barcelona y en amigo íntimo de uno de los mejores futbolistas de la historia como Leo Messi, el ídolo que se puso a llorar en el festejo del título de Atlético Madrid. Ese mismo volvía al fútbol uruguayo. Volvía a sus raíces. Volvía a Nacional.

El recibimiento fue una locura, cada partido suyo en el Gran Parque Central también. Todos los adversarios querían tener su camiseta una vez finalizado el partido. Sus posteos hicieron delirar a cada momento a los hinchas de Nacional. Fueron 100 días, 13 partidos por el Clausura, uno por la Copa Sudamericana, ocho goles, dos asistencias. La presencia de Suárez en Nacional fue mucho más que eso. Fue humildad. Fue un volver a los orígenes. Fue creer en que era la mejor opción. Fue mostrar al mundo la liga uruguaya, con sus defectos y virtudes. No en vano, Luis Suárez es uno de los personajes más destacados del año y cumplió su objetivo: jugó su última Copa del Mundo con la celeste. Su papel en el último partido, contra Ghana, fue clave pero no bastó para evitar la eliminación. El llanto desconsolado en el banco de suplentes quedará grabado para siempre.

Alejandro Astesiano

Se convirtió en uno de los personajes mediáticos de 2022, tras haber sido imputado y encarcelado por los delitos de suposición de estado civil, tráfico de influencias y asociación para delinquir. Aunque hay otros imputados, se habla del “caso Astesiano”.

Mini bio

Expolicía y militante blanco, era el jefe de la custodia del presidente Luis Lacalle Pou hasta que el 25 de setiembre fue detenido por ser parte de una supuesta banda que falsificaba documentos.

FRASE DEL AÑO​

“Yo no le mordí la mano al presidente. Muchas personas hablaron antes de esperar el fin de la investigación. Me indignan las cosas que están diciendo por ahí. No soy el monstruo que crearon”

El custodio del presidente

por Sebastián Cabrera

Hasta la tarde del lunes 26 de setiembre Alejandro Astesiano era un ilustre desconocido para la enorme mayoría de los uruguayos. Apenas se trataba de un nombre (y una cara) familiar para los más cercanos al presidente y para algunos militantes blancos, sobre todo herreristas, de toda la vida.

Para ellos sí, para ellos era “el Fibra”.

-Tengo ojo para cuando ves a la gente y decís “este es un chanta” –dice un viejo militante-. Y cuando empezó en la política Alejandro te daba buscavidas pero buena onda, no andaba en un súper auto ni sospechabas “¿de dónde saca la plata?”. Ojo, tampoco era alguien al que le vieras tantas luces, para llegar hasta donde llegó. Ni te lo imaginabas. Claro, los buscavidas a veces se terminan mezclando con gente complicada.

Un alto dirigente, que también lo conoce hace tiempo, lo define así:

-Nunca cortó el bacalao ni cerca, sí capaz tenía fama de ligero.

Astesiano se crio en el complejo habitacional de Millán y Lecocq en el noroeste de Montevideo (“era un flacucho más, no se metía en líos y en esa época no era el Fibra”, dice una amiga que integró su misma barra en la década de 1980), fue policía y a fines de la década de 1990 se metió en la política. Sus primeros pasos fueron en la lista 2, una pequeña agrupación afín al Herrerismo y liderada entre otros por Diver “Nené” Villanueva. Pero, todos coinciden, “no era un gran militante en esa época” y se movía más que nada en la zona de Colón. Se arrimaba sobre todo en épocas de campaña, cuando se necesitan manos para todo y a veces hay algún peso para repartir. Él se ofrecía de seguridad, pero una seguridad muy sui generis. “Básicamente, cuidar para que no se armara quilombo”, cuentan.

El presidente Luis Lacalle Pou lo conoció allá por 1999, en aquella época Astesiano era uno de los choferes de Sergio Abreu, quien integraba la fórmula presidencial blanca con Luis Alberto Lacalle Herrera.

-Pero él no tenía ninguna relación especial conmigo -aclara hoy Abreu-, solo chofereaba. Nunca me gustó tener confianza con los choferes.

En las elecciones siguientes, las de 2004, formó parte del equipo de seguridad de Lacalle Herrera, pero tampoco tenía un rol estratégico ni mucho menos. El que mandaba allí, el jefe y casi un secretario privado del expresidente, era el inspector Fredy Kuster. Lo mismo en 2009.

En la campaña de 2014 Astesiano también estaba en la vuelta pero con Lacalle Pou y su importancia iría creciendo con los años. Por alguna razón se ganó la confianza del hoy presidente, hasta quedar como su jefe de custodia cuando ganó las elecciones de 2019.

Un dirigente blanco que tiene nítidos recuerdos de los primeros años de militancia de Astesiano, lo presenta así:

-Siempre tenía un trato cordial, hacía bien su trabajo. Yo lo saludaba y abrazaba, era un compañero de política de todos nosotros. Pero, claro, lo sucedido cambia las cosas.

Y para hablar de “lo sucedido”, tenemos que volver al lunes 26 de setiembre a primera hora de la tarde, el día después de la detención en la residencia presidencial tras un viaje de vacaciones a Costa Rica con el presidente y sus hijos.

Ni bien el avión aterrizó en Carrasco en la noche del domingo 25, el entonces jefe de la custodia se enteró que el director de Inteligencia Claudio Correa estaba en la casa. Todo fue rápido. Llegaron a la residencia, el presidente lo hizo pasar a la oficina y el jefe de Inteligencia le explicó que había una orden y que estaba incomunicado.

Las fotos y los videos corriendo el 1° de marzo de 2020, al lado del auto donde iban el presidente y la vice Beatriz Argimón, circularon rápido en los días siguientes. Fue una semana dura para el presidente, quizás la más complicada desde que asumió el mandato: el jefe de su custodia, el hombre al que había confiado su seguridad y la de su familia, había sido detenido por ser parte de una aparente red para falsificar documentos con el objetivo de que ciudadanos rusos obtuvieran el pasaporte uruguayo. La fiscal Gabriela Fossati dijo que se habían falsificado decenas, cientos o incluso miles de partidas de nacimiento.

Ese lunes el presidente dio una conferencia de prensa. Con tono apesadumbrado, relató que no tenía ningún indicio de que Astesiano tuviera actividades por fuera de la ley y que, de haberlos tenido, “no le hubiera entregado lo más preciado”, su familia. Él era “profesionalmente intachable”, hasta tenía “un celo en exceso en el cuidado”, aseguró. “Mi estado de ánimo no es el mejor”, dijo.

Y se le notaba.  

El custodio “no tiene antecedentes penales”, aseguró Lacalle ese día. Pero los tenía, a pesar de que él aún no estaba al tanto de ese dato según afirman desde Presidencia, sí de que tenía decenas de anotaciones como indagado por múltiples casos. Apenas dos días después de la conferencia, se supo que en setiembre de 2014 Astesiano había sido condenado por un delito de estafa y que cumplió una pena de 18 meses de prisión.

Ahora es “el caso Astesiano”, con consecuencias judiciales aún impredecibles y que incluso parecen trascender al tema pasaportes. Han circulado chats divulgados por diferentes medios donde Astesiano aparece pidiendo favores, vendiendo servicios y prometiendo todo tipo de información, desde escuchas telefónicas del sistema El Guardián hasta datos sobre dos legisladores de la oposición a una empresa en Miami liderada por un militar retirado uruguayo.

Pero, con la información que hoy existe, ni siquiera es muy seguro que Astesiano sea el personaje central de toda esta trama, al menos en lo que concierne a los pasaportes.

¿Cómo terminará esta historia? “Los que tengan que ir presos que vayan presos y los que no, que se declaren inocentes, de eso se trata”, dijo Lacalle hace unos días. El tiempo dirá.

Reina
Isabel II y
Rey Carlos III

La muerte de la Reina Isabel II significó un cambio de era para una institución que es única en el mundo. Además, la proclamación de Carlos como rey es un gran desafío después de una serie de escándalos que marcaron su vida y la imagen de la realeza británica.

Reina Isabel II

(21 de abril de 1926 - 8 de setiembre de 2022)

La Reina Isabel II fue la monarca más longeva en la historia del Reino Unido.

Rey Carlos III ​

(14 de noviembre de 1948)

Su hijo Carlos III tomó las riendas en setiembre de este año, después de la muerte de su madre a los 96 años.

FRASE DEL AÑO​

“Dentro de nuestro duelo debemos recordar y fortalecernos a partir de la luz del ejemplo que ha dejado mi madre” (Carlos III)

El fin de una era

por Clara Lussich

El 8 de setiembre se produjo un quiebre. Una muerte que significó no solo un cambio institucional sino también el fin de un era.

Tres meses después de haber cumplido 70 años al frente de la monarquía más importante de Europa, la Reina Isabel II falleció en una tarde de verano junto a su familia y sus perros corgis en el castillo de Balmoral. 

La presencia estoica de la reina era un símbolo de unidad y estabilidad en un mundo de cambios constantes. La gran pregunta ahora es: ¿su hijo Carlos seguirá simbolizando lo mismo?

Lo que puede o no pasar con la monarquía y su continuidad en medio de un siglo XXI que nada tiene que ver con el mundo de 1952 -cuando Isabel llegó al trono- es una incógnita, sobre todo en un país como Reino Unido en donde en tan solo tres meses han pasado tres primeros ministros del Partido Conservador y la economía enfrenta una situación compleja. Eso sumado a su alejamiento de la Unión Europea y la crisis energética debido a la guerra en Ucrania. Lo cierto es que hoy estos problemas pasaron a ser asunto de Carlos III, el flamante rey, a pesar de aún no haber sido coronado formalmente.

Este hombre con personalidad, que dice lo que piensa y supo ser odiado por muchos británicos durante su separación de Lady Di, ya no es un joven adulto ni tampoco un simple adulto, de hecho, a sus 73 años se lo puede considerar mayor como para asumir el desafío. Su edad evidencia lo agonizante que ha sido la espera para una persona que comenzó a ser instruido para ser rey desde niño.

Una de las escenas que mejor pinta a Carlos y su vínculo con el pueblo británico ocurrió durante los días posteriores a la muerte de Isabel II. Se viralizó un video en las redes sociales en el que se veía al flamante rey enojado con una lapicera.

Con una lapicera.

En el video Carlos dice, mientras trata de firmar documentos: “No puedo tolerar esta maldita cosa, por dios, ¡odio esto!”. Para la prensa inglesa el carácter de Carlos en ese momento se explicaba por su cansancio después de varios días de eventos formales y recorridas por el país. Pero la prensa internacional habló de la “poca paciencia” y “mal humor” del rey. Claramente la sensibilidad hacia el poder de la corona y esa suerte de respeto máximo a los monarcas es algo que no se pierde en Reino Unido.

Al revés de su hijo, que se preparó durante toda su vida para ser rey, Isabel Alejandra María supo que lo sería recién a los 10 años, cuando murió su abuelo Jorge IV y su tío Eduardo -que era el hijo mayor y estaba primero en la línea sucesoria- decidió abdicar, dejando el trono en manos del padre de Isabel, Jorge V. En ese momento la pequeña “Lilibet” se convirtió en heredera hasta que finalmente fue coronada a los 25 años tras la muerte de su padre.

Durante uno de sus primeros discursos en público la joven monarca pronunció unas palabras que de alguna manera se mantuvieron presentes durante sus 70 años de reinado: “Declaro ante todos ustedes, que toda mi vida, ya sea larga o corta, la dedicaré a su servicio y al servicio de la gran familia imperial a la que todos pertenecemos”.

La vida de Lilibet fue larga y dedicada íntegramente al servicio público. En esa lógica la importancia de la imagen de la familia real británica es fundamental y la reina se enfrentó a más de un momento crítico frente a los tabloides británicos, pero siempre se la vio estoica. La propia Isabel catalogó al año 1992 como annus horribilis, debido a que en ese momento se divorció su hijo Andrés de Sarah Ferguson y también el príncipe Carlos de Diana Spencer. El último fue el más escandaloso con infidelidades admitidas por ambos. Lady Di era adorada por los británicos, lo que provocó que la reina estuviera en el ojo de la tormenta cuando demoró en aparecer y no colocó la bandera a media asta en el Palacio de Buckingham tras su trágica muerte en un accidente de auto.

La sombra más reciente llegó en 2020 cuando el príncipe Harry -segundo hijo de Carlos- y su esposa Meghan Markle renunciaron a sus deberes reales y se mudaron a Estados Unidos. Ambos dieron una entrevista a la famosa Oprah Winfrey, donde acusaron a miembros de la realeza de haber hecho comentarios racistas sobre Markle.

Más allá de los escándalos, lo cierto es que Carlos estará al frente de una institución única en el mundo con una popularidad mucho más baja que la de su madre. El actual rey tenía el 54% de opiniones favorables en agosto de 2021, según una encuesta de YouGov, muy por detrás de la reina (80%), su hijo el príncipe Guillermo (78%) y su nuera Catalina (75%). A pesar de todo, uno de los últimos deseos de la reina Isabel fue que Camila Parker Bowles, segunda esposa de Carlos y su amante durante el matrimonio con Lady Di, sea nombrada reina consorte en el momento de su muerte. Así lo manifestó la monarca durante un discurso en febrero de 2022 con motivo de sus 70 años de reinado. Es el título que habían tenido su madre y su abuela.

En el nuevo capítulo que comenzó en la realeza británica, quedará en el pasado aquella imagen de la Reina Isabel II como líder absoluta y Carlos III, activista por el cambio climático y preocupado por la arquitectura londinense, tomará las riendas de una institución que no dejará jamás de estar en el ojo de la tormenta.

Natalia Sandberg

Ocho años después del crimen de Lola Chomnalez, Natalia Sandberg ideó una audaz línea de investigación con base científica para identificar al dueño del perfil genético detectado en la evidencia recolectada, marcando así un antecedente que podría replicarse.

Mini bio

Montevideana, 39 años. Fanática de las series criminales, se especializó en genética forense. Dirige el Registro Nacional de Huellas Genéticas.

FRASE DEL AÑO

“Soy ultra mega súper sensible. Y soy rejusticiera. El sufrimiento de los otros me puede, me obsesiona y fue lo que me pasó cuando vi los ojos de la mamá de Lola”

La científica “justiciera”

por Mariángel Solomita

Eran las 02:34 de la madrugada cuando sonó el teléfono. Natalia Sandberg había preferido esperar el resultado del análisis en su casa. Se levantó de la cama y atendió la llamada en el living. 

Escuchó esto: “Dio positivo. Encontramos al que dejó la evidencia”. Entonces, como hizo tantas veces a lo largo de dos años y medio de buscar lo improbable; de sentir el cuerpo herido por el filo helado de la frustración; gritó y lloró como si expulsara un veneno. Después se quedó dormida. Y a la mañana siguiente se despertó convencida de que aquello no había pasado, había sido un sueño: un deseo cumplido en el cálido limbo de la somnolencia. 

En el Registro Nacional de Huellas Genéticas de la Policía Científica hay tres laboratorios comunicados entre sí por ventanales, donde ya se aclararon más de mil delitos que se creían impunes. Allí se conservan 85.000 espátulas con el perfil genético de las personas que han cometido desde una falta hasta el crimen más grave: una base de datos que combate la presunción del crimen perfecto. El registro comenzó a nutrirse en 2011 y se engorda cada día con las muestras que se toman en los juzgados.

El procedimiento empieza cuando el laboratorio biológico envía el perfil genético que se extrae de la evidencia en una escena criminal.

 

Cuando no hay un sospechoso identificado, el equipo que Natalia Sandberg dirige utiliza un software que cruza esa información con la del registro y si hay una coincidencia del 100% entre ambos perfiles se produce el matcheo: el ADN no miente.

La regla general es desconocer los nombres detrás de los códigos alfanuméricos que manejan los laboratorios. Por eso, ninguna de las cinco científicas que trabajan en este lugar sabe qué casos ayudaron a resolver. Hasta que una noche el azar, “un hecho sobrenatural”, o sencillamente el algoritmo de Youtube, activaron una entrevista a los padres de Lola Chomnalez y Natalia Sandberg vio los ojos apagados de Adriana Belmonte y pensó en su hijo de 10 años y se imaginó sumergida en el mismo océano negro que la madre de Lola. Y decidió hacer algo.

—Hay algo que tenés que saber de mí: soy ultra mega súper sensible. Y soy re justiciera. El sufrimiento de los otros me puede, me obsesiona y fue lo que me pasó cuando vi los ojos de la mamá de Lola. Se me metió en la cabeza que desde mi lugar yo tenía que poder hacer algo y me enloquecí, me enfermé. Así empezó la crisis.

Así empezó la crisis.

***

Natalia Sandberg creció fanatizada por las series de investigaciones criminales y decidió en la adolescencia que su lugar estaba en un laboratorio de genética forense. Pero en Uruguay no existía esa carrera. Así que trazó una estrategia para llegar al único sitio al que se creía predestinada: la dirección de Policía Científica. Primero estudió biología y después genética y luego se las ingenió para entrar por una diagonal al laboratorio biológico: llegó como estudiante de tesis, trabajó dos años gratis a la vez que vendía ropa en el shopping, se convirtió en una persona necesaria, consiguió un puesto y nunca más se fue.  

—Yo no era para otra vocación —dice.

Se capacitó viajando a congresos y luego participó en el armado del proyecto de ley que permitió la creación del registro de huellas, después propuso que los familiares de personas ausentes aporten voluntariamente una muestra de ADN para poder confrontarla con restos humanos sin identificar y en junio de 2020 se “obsesionó” con resolver el caso Lola: la espina más profunda del orgullo policial.

—Todos los días recibimos casos sin resolver, pero yo creo tácticas para romper la monotonía, sino se vuelve una tarea automática que me aleja del lado emocional y nunca me permito perder el entusiasmo.

Entonces, despabilar una investigación sin rumbo, arriesgando su prestigio, era también navegar por ese río eléctrico que es la pasión y que ella no busca: la necesita.

***

Qué había: el perfil genético de un hombre que no estaba en la base de datos. Qué sabía: que el FBI, usando evidencias de casos sin resolver, quería crear un método para buscar relaciones de parentesco entre las personas que integran los registros.

—Y empecé a delirar. Tenía que buscar la manera de crear algo que me haga este tipo de búsquedas con el software que estaba disponible.

Fue a ver a su superior y le planteó la idea, “la hipótesis de una loca”. El jefe quedó perplejo; le preguntó si estaba segura de que tendría soporte científico. De seguir adelante habría que armar un grupo de investigación e intentar que no se filtre a la prensa. “Segura no estoy pero me la juego. ¿Me apoyan?”, le dijo.

Y la apoyaron.

Natalia Sandberg se anticipó “artesanalmente” al FBI. Para cruzar la información del ADN, tomó un segmento distinto del perfil genético, usó el cromosoma Y, que se hereda de padres a hijos varones. Así, tal vez, hallaría entre las 85.000 espátulas algún familiar del hombre que dejó la evidencia en el crimen de Lola.

Surgieron unas 40 coincidencias. “Pero caímos en una familia muy complicada”, resume. Los investigadores comandados por el juez de la causa investigaron uno a uno. Y nada. Dos años hurgaron en silencio, hasta que los caminos volvieron a cerrarse.

Natalia Sandberg estaba a punto de rendirse hasta que, “por un hecho sobrenatural” o pura obstinación, “se iluminó” otra vez.

—Sentí el impulso, abrí cada pestaña del software y mis compañeras buscaban en libros otras funciones que podría tener. Se me ocurrió buscar el parentesco pero en el perfil genético autosómico, que es el que usamos siempre, lo que implicaba una búsqueda mega ultra súper arriesgada.

Y sucedió. Ese instante en que todo se detiene.

—Casi me descompenso. Llegué a la posibilidad de que en la base de datos podía tener a un medio hermano materno.

Otra vez fue al despacho de su superior. “Esto no tiene respaldo estadístico, está agarrado de los pelos, pero si querés, probamos. ¿Vos te arriesgás?”, le dijo.

Había que buscar a la madre biológica de esta persona y hacer un análisis de maternidad con el de la evidencia. La encontraron y coincidió: “Casi me muero”. De sus 11 hijos, nueve eran varones, a uno lo había dado en adopción y figuraba como ausente. Natalia Sandberg vio otra vez el horizonte sin faros, pero los investigadores lo hallaron.

Era él.

El laboratorio biológico trabajó toda la noche confirmando la prueba de ADN. Natalia Sandberg se preparó para la peor noticia y se marchó a esperar el resultado en su casa. La llamada llegó a las 02:34 de la madrugada, como un mensaje encriptado en un sueño.

Rodolfo Saldain

En 2020 fue designado como el presidente de la Comisión de Expertos en Seguridad Social y fue el encargado de liderar el proceso de análisis del actual sistema previsional. Es el referente de la elaboración del proyecto de reforma jubilatoria que estudia el Parlamento.

Mini bio

Es un abogado especializado en seguridad social. Fue presidente del Banco de Previsión Social y uno de los responsables de la reforma previsional de Uruguay de 1995.

FRASE DEL AÑO

“Hay que ver si la reforma que termina saliendo tiene los atributos que tiene que tener. Pero existe un límite, del cual no estamos muy lejos, donde ese esfuerzo deja de tener sentido”.

El líder de la reforma

por Pía Mesa

El 16 de octubre de 2019 en un restaurante de Pocitos almorzaron juntos por primera vez Luis Lacalle Pou y el abogado Rodolfo Saldain.

Pese a que había sido presidente del Banco de Previsión Social (BPS) en los primeros años de la década de 1990, durante el mandato de su padre Luis Alberto Lacalle Herrera, y de que había militado por el Partido Nacional, no se conocían personalmente.

Faltaban 11 días para las elecciones y el objetivo del almuerzo era uno solo: la seguridad social.

“Estaban preocupados”, dice hoy Saldain al recordar ese encuentro en el que también formaron parte Pablo da Silveira, actual ministro de Educación y Cultura, y Hugo Odizzio, quien luego sería presidente del BPS y es uno de los integrantes del gobierno de mayor confianza de Lacalle Pou. 

Después de ese almuerzo, el presidente pidió a Saldain que lo acompañara a un evento en el marco de la campaña electoral. Cuando fue consultado por la seguridad social, Lacalle buscó a Saldain en la platea y le pidió que contestara la pregunta por él. Fue su primera aparición pública junto al presidente, lo que se interpretó como una señal política de que él sería el elegido para llevar adelante la reforma de la seguridad social.

La elección de Saldain como el referente en esta temática no fue fortuita ni casual y tampoco fue determinante su afiliación política al Partido Nacional, aunque claro que incidió. El abogado es reconocido como uno de los principales expertos en la temática en Uruguay. 

Cuando tenía 27 años de edad, y tras una propuesta de Wilson Ferreira Aldunate, fue subdirector de la extinta Dirección General de la Seguridad Social en 1985 e integró el directorio del BPS, organismo que luego presidió desde 1990 a 1993. Fue uno de los responsables de la reforma previsional de Uruguay de 1995 y también participó de la reforma del sistema de seguridad social de Costa Rica.

Luego se dedicó de lleno a la actividad privada en su estudio de abogacía Saldain & Asociados y estuvo durante años desligado de la seguridad social. 

Sin embargo, una invitación a coordinar un estudio propiciado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), sobre el futuro del trabajo y su impacto en la seguridad social, le devolvió el entusiasmo por volver a estudiar el tema. En 2020 publicó el libro La era de los nuevos viejos: Longevidad, trabajo y jubilación en el siglo XXI.

“No me costó aceptar, con lo del libro estaba de nuevo súper metido en el tema”, recuerda Saldain sobre la propuesta del presidente de llevar adelante la reforma previsional, una de las principales promesas de campaña de Lacalle Pou. Tampoco puso condiciones pero sí le preocupaba cuál iba a ser el alcance y la profundidad del trabajo, los equipos, los tiempos y, por supuesto, el respaldo político. 

Quien sí puso condiciones fue el presidente. “Quería que fuera un proceso transparente, muy participativo y quería que le dijéramos lo que había que decirle de verdad y no lo que él quería escuchar”, relata Saldain. 

De hecho, fue él mismo quien tuvo que decirle a Lacalle Pou que era imposible que cumpliera su promesa de campaña de no subir la edad de jubilación: “Fue en febrero, en La Paloma. Le pedí una entrevista y le dije, con evidencia, lo que yo ya sabía desde antes: que eso no era sostenible”. 

Para asegurarse de que iba a contar con las mejores condiciones, fue él mismo quien redactó el artículo 393 de la Ley de Urgente Consideración (LUC), a través del cual se creó la Comisión de Expertos en Seguridad Social (CESS), que tenía entre sus cometidos el análisis del actual sistema y la elaboración de recomendaciones de reforma al Poder Ejecutivo. 

A más de dos años de haber iniciado ese proceso como líder de la CESS y luego de haber presentado el proyecto de reforma, Saldain afirma tajante que no se arrepiente de haber aceptado ese desafío pero admite que subestimó la tarea. “Han sido jornadas de 12 horas, incluyendo sábados y domingos. El trabajo en la comisión fue hiperproductivo, se me quejaban del ritmo, pedían por favor una interrupción para ir al baño”, dice entre risas.

Pese a que no es optimista en cuanto a que predomine una línea acuerdista, dice que el sistema político uruguayo “todavía tiene la ventana de oportunidad” de demostrar que tiene “la madurez necesaria” para implementar una reforma como la actual. 

Saldain sabe que el camino “está lleno de riesgos y muchos de ellos, políticos”. Es por esto que reconoce que la principal sorpresa que se llevó con el presidente fue la decisión de avanzar con esta iniciativa en la mitad del período del gobierno. “Supongo que entre sus asesores debe haber habido muy pocas voces que le hayan dicho que fuera por este camino, más bien pienso que pasó lo contrario, por eso creo que ahí hay una demostración de vigor político muy fuerte”, destaca. 

El abogado descarta por completo la posibilidad de participar activamente en la política partidaria. La pregunta lo lleva a su juventud. Cuenta que junto al fallecido ministro Jorge Larrañaga llegó a sacar una lista que obtuvo 1.100 votos. Que Ferreira Aldunate lo tenía entre sus preferidos en los temas de seguridad social. Que durante la dictadura dio un discurso en un acto de los blancos que lo llevó a estar preso por 45 días en la Cárcel Central. Que allí conoció a Líber Seregni, a quien le sacaba la basura “solo para poder conversar un rato”. Pero afirma con convicción que “eso de juntar votos” no es lo suyo y que, a sus 65 años, esa posibilidad ni siquiera la visualiza. “Hay una frase que creo que es de Pablo Picasso, que dice que la inspiración existe pero tiene que encontrarte trabajando”, reflexiona. “En el acierto o en el error, lo único que tengo seguro es que, si la inspiración llega, me va a encontrar trabajando”.

Mini bio

Es un abogado especializado en seguridad social. Fue presidente del Banco de Previsión Social y uno de los responsables de la reforma previsional de Uruguay de 1995.

FRASE DEL AÑO

“Hay que ver si la reforma que termina saliendo tiene los atributos que tiene que tener. Pero existe un límite, del cual no estamos muy lejos, donde ese esfuerzo deja de tener sentido”.

El líder de la reforma

por Pía Mesa

El 16 de octubre de 2019 en un restaurante de Pocitos almorzaron juntos por primera vez Luis Lacalle Pou y el abogado Rodolfo Saldain.

Pese a que había sido presidente del Banco de Previsión Social (BPS) en los primeros años de la década de 1990, durante el mandato de su padre Luis Alberto Lacalle Herrera, y de que había militado por el Partido Nacional, no se conocían personalmente.

Faltaban 11 días para las elecciones y el objetivo del almuerzo era uno solo: la seguridad social.

 “Estaban preocupados”, dice hoy Saldain al recordar ese encuentro en el que también formaron parte Pablo da Silveira, actual ministro de Educación y Cultura, y Hugo Odizzio, quien luego sería presidente del BPS y es uno de los integrantes del gobierno de mayor confianza de Lacalle Pou.

Después de ese almuerzo, el presidente pidió a Saldain que lo acompañara a un evento en el marco de la campaña electoral. Cuando fue consultado por la seguridad social, Lacalle buscó a Saldain en la platea y le pidió que contestara la pregunta por él. Fue su primera aparición pública junto al presidente, lo que se interpretó como una señal política de que él sería el elegido para llevar adelante la reforma de la seguridad social.

La elección de Saldain como el referente en esta temática no fue fortuita ni casual y tampoco fue determinante su afiliación política al Partido Nacional, aunque claro que incidió. El abogado es reconocido como uno de los principales expertos en la temática en Uruguay. 

Cuando tenía 27 años de edad, y tras una propuesta de Wilson Ferreira Aldunate, fue subdirector de la extinta Dirección General de la Seguridad Social en 1985 e integró el directorio del BPS, organismo que luego presidió desde 1990 a 1993. Fue uno de los responsables de la reforma previsional de Uruguay de 1995 y también participó de la reforma del sistema de seguridad social de Costa Rica.

Luego se dedicó de lleno a la actividad privada en su estudio de abogacía Saldain & Asociados y estuvo durante años desligado de la seguridad social. 

Sin embargo, una invitación a coordinar un estudio propiciado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), sobre el futuro del trabajo y su impacto en la seguridad social, le devolvió el entusiasmo por volver a estudiar el tema. En 2020 publicó el libro La era de los nuevos viejos: Longevidad, trabajo y jubilación en el siglo XXI.

“No me costó aceptar, con lo del libro estaba de nuevo súper metido en el tema”, recuerda Saldain sobre la propuesta del presidente de llevar adelante la reforma previsional, una de las principales promesas de campaña de Lacalle Pou. Tampoco puso condiciones pero sí le preocupaba cuál iba a ser el alcance y la profundidad del trabajo, los equipos, los tiempos y, por supuesto, el respaldo político. 

Quien sí puso condiciones fue el presidente. “Quería que fuera un proceso transparente, muy participativo y quería que le dijéramos lo que había que decirle de verdad y no lo que él quería escuchar”, relata Saldain. 

De hecho, fue él mismo quien tuvo que decirle a Lacalle Pou que era imposible que cumpliera su promesa de campaña de no subir la edad de jubilación: “Fue en febrero, en La Paloma. Le pedí una entrevista y le dije, con evidencia, lo que yo ya sabía desde antes: que eso no era sostenible”. 

Para asegurarse de que iba a contar con las mejores condiciones, fue él mismo quien redactó el artículo 393 de la Ley de Urgente Consideración (LUC), a través del cual se creó la Comisión de Expertos en Seguridad Social (CESS), que tenía entre sus cometidos el análisis del actual sistema y la elaboración de recomendaciones de reforma al Poder Ejecutivo. 

A más de dos años de haber iniciado ese proceso como líder de la CESS y luego de haber presentado el proyecto de reforma, Saldain afirma tajante que no se arrepiente de haber aceptado ese desafío pero admite que subestimó la tarea. “Han sido jornadas de 12 horas, incluyendo sábados y domingos. El trabajo en la comisión fue hiperproductivo, se me quejaban del ritmo, pedían por favor una interrupción para ir al baño”, dice entre risas.

Pese a que no es optimista en cuanto a que predomine una línea acuerdista, dice que el sistema político uruguayo “todavía tiene la ventana de oportunidad” de demostrar que tiene “la madurez necesaria” para implementar una reforma como la actual. 

Saldain sabe que el camino “está lleno de riesgos y muchos de ellos, políticos”. Es por esto que reconoce que la principal sorpresa que se llevó con el presidente fue la decisión de avanzar con esta iniciativa en la mitad del período del gobierno. “Supongo que entre sus asesores debe haber habido muy pocas voces que le hayan dicho que fuera por este camino, más bien pienso que pasó lo contrario, por eso creo que ahí hay una demostración de vigor político muy fuerte”, destaca. 

El abogado descarta por completo la posibilidad de participar activamente en la política partidaria. La pregunta lo lleva a su juventud. Cuenta que junto al fallecido ministro Jorge Larrañaga llegó a sacar una lista que obtuvo 1.100 votos. Que Ferreira Aldunate lo tenía entre sus preferidos en los temas de seguridad social. Que durante la dictadura dio un discurso en un acto de los blancos que lo llevó a estar preso por 45 días en la Cárcel Central. Que allí conoció a Líber Seregni, a quien le sacaba la basura “solo para poder conversar un rato”. Pero afirma con convicción que “eso de juntar votos” no es lo suyo y que, a sus 65 años, esa posibilidad ni siquiera la visualiza. “Hay una frase que creo que es de Pablo Picasso, que dice que la inspiración existe pero tiene que encontrarte trabajando”, reflexiona. “En el acierto o en el error, lo único que tengo seguro es que, si la inspiración llega, me va a encontrar trabajando”.

Vladimir Putin y
Volodimir Zelenski

Vladimir Putin ordenó la invasión a Ucrania, desatando una guerra con efectos globales: inestabilidad del petróleo, crisis alimenticia y alza de la inflación. Y Volodomir Zelenski se reveló como un líder carismático que mantiene a su pueblo unido resistiendo la invasión.

Vladimir Putin

Es el presidente de Rusia y gobierna desde 1999.

Volodimir Zelenski

El presidente de Ucrania, fue actor, guionista y director de cine y televisión. Gobierna desde 2019.

Frases

“No nos rendimos, no nos lo hemos planteado ni un segundo. Rusia no solo nos ha atacado a nosotros, a nuestra tierra, a nuestras ciudades, sino que ha emprendido una ofensiva brutal contra nuestros valores, los valores humanos básicos”.

Volodimir Zelenski

Enemigos en una guerra sin fin

por Carlos Ríos

Uno gobierna con mano dura una potencia desde hace más de dos décadas. El otro es un actor y humorista que, casi sin proponérselo, terminó como presidente de su país. A Vladimir Putin y Volodimir Zelenski la historia les reservó compartir una página, pero como enemigos.

Putin nació en Leningrado –hoy San Petersburgo- el 7 de octubre de 1952 en el seno de una familia obrera, al final de la era estalinista. Fue el menor de tres hermanos y su infancia estuvo marcada por la pobreza en la Unión Soviética de la posguerra. Sus padres, que pasaban los 40 años cuando nació, eran sobrevivientes del sitio de Leningrado por las tropas nazis.

“La manera que tiene hoy de responder ojo por ojo en el ámbito internacional se remonta a esa infancia, marcada por un agudo sentimiento de heroísmo nacionalista combinado con la rabia del chico que quiere salir adelante”, explica el escritor y exdiplomático ruso Vladimir Fédorovski, quien conoce personalmente a Putin y ha escrito libro sobre él, en una entrevista al diario español El Correo.

Putin siempre reflejó esa “rabia del chico que quiere salir adelante”. Cuando se le meta algo en la cabeza, lo persigue hasta conseguirlo. Un ejemplo: pidió ingresar a la KGB cuando tenía apenas 15 años, pero le dijeron que debía terminar primero sus estudios. Así lo hizo y luego se convirtió en espía.

Fue el inicio de una carrera política que lo llevó a trabajar en la alcaldía de San Petersburgo, luego a Moscú al equipo del presidente Boris Yeltsin, y finalmente a gobernar Rusia.

Ganó las elecciones de 2000 y fue reelecto en 2004. Cómo la Constitución no le permitía un tercer período consecutivo, en 2008 presentó a Dmitri Medvédev como su sucesor, y él fue el jefe en los hechos desde el cargo primer ministro.

En 2012 Putin sí pudo postularse para un tercer mandato y ganó en primera vuelta. Y en 2018 volvió a vencer con el 70% de los votos. Su intención –ahora condicionada a cómo termine la guerra en Ucrania- es seguir hasta 2036, y para eso reformó la Constitución eliminando el límite de dos mandatos presidenciales consecutivos.

“No, no está loco. Como no lo está un jugador compulsivo o un drogadicto”, dice a la agencia EFE Ian Robertson, profesor de Psicología de la Universidad Trinity College de Dublín en Irlanda. “No están locos, pero sus cerebros están enormemente distorsionados por lo que les ha convertido en adictos y, en este caso, Putin está enganchado al poder”. Según Robertson, Putin padece un “narcisismo extremo”.

Para mantenerse en el poder, no ha dudado en hacer a un lado a sus opositores políticos. Entre los casos actuales más notorios está el de Alexéi Navalni, un activista anticorrupción que sufrió un envenenamiento en 2020 en Siberia y que hoy está preso en Rusia cumpliendo una condena de nueve años.

En las dos décadas que lleva gobernando, Putin adoptó un estilo de guerra, bajo lemas que sirvieron como excusa para invadir nuevos territorios y restaurar algo del antiguo imperio soviético. Antes de la invasión a Ucrania en febrero de 2022 con el pretexto de “desnazificar” ese país, hay tres casos significativos: la guerra chechena del 2000, el conflicto con Crimea en 2014 y la intervención en Siria de 2018.

La historia del presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, es muy distinta. Su llegada a la política es producto de su éxito como actor y humorista. 

De origen judío, Zelenski nació en 1978 en Krivói Rog, al sur de la capital de Ucrania, pero pasó la mayor parte de su juventud en Mongolia. No vivió la pobreza de Putin: su madre es ingeniera y su padre profesor de informática.

Durante su infancia, Zelenski hablaba ruso, lo que le significó un problema cuando ingresó en política, porque muchos pensaban que sería prorruso.

Su única “experiencia” cuando se candidateó era haber interpretado a un presidente en la serie de televisión Servidor del Pueblo, el mismo nombre que le puso a su partido político. La serie se estrenó en 2015 y duró tres temporadas, la última en medio de la campaña electoral.

En esa serie, Zelenski interpretaba a un profesor que se vuelve presidente. En la vida real ganó las elecciones con el 72% de los votos en segunda vuelta.

Cuando asumió en 2019, Ucrania ya tenía un conflicto abierto con Rusia por la anexión en 2014 de la península de Crimea y la guerra con los separatistas prorrusos.

Pese a haber ganado las elecciones por un buen margen, las expectativas que tenían los ucranianos con Zelenski no eran buenas. Su popularidad durante la pandemia del covid-19 había caído al 40%. Pero una encuesta enseguida de la invasión rusa le dio un apoyo del 91% y el 70% creía que podía ganar la guerra. 

Sin duda su experiencia como actor le sirvió para levantar el ánimo de su pueblo. El diario Washington Post informó que, cuando Estados Unidos le ofreció sacarlo de Kiev en medio de los primeros bombardeos rusos, Zelenski contestó: I need ammunition, not a ride (“Necesito municiones, no un viaje”). Unas horas después había camisetas con este eslogan.

Hoy tal vez nadie sepa cuándo y cómo terminará la guerra. Pero es muy probable que, si hay que imprimir remeras con el rostro de uno de estos personajes, las de Zelenski tendrán una alta demanda.

Tini Stoessel

En 2022 Tini se transformó en la primera mujer en presentarse sola en el Estadio Centenario. Además, logró en Uruguay lo que solo Paul McCartney había conseguido: agotar la capacidad del estadio. Su gira del Tini Tour reunió a alrededor de 600.000 personas en América Latina y España.

MINI BIO

Tini Stoessel nació en Buenos Aires en 1997. A los 15 años fue la protagonista de la novela infantil Violetta y, después, en 2016 lanzó su carrera como cantante solista.

FRASE DEL AÑO

“Hay que saber qué estamos buscando, tenemos conceptos medio equivocados de qué es la felicidad o el éxito en realidad”.

La ídola teen que agotó el Centenario

Soledad Gago

Tini, tan rosada y tan brillante, tan resplandeciente y tan de neón. Tan romántica y tan pop, tan cumbia y tan reguetón. Tan de radio y tan de boliche, tan de Instagram y tan de TikTok. Tini, tan tierna y tan sensual, tan joven y tanta historia. Tantos escenarios y tantas luces, tantos rankings y tantas canciones. Tini, tanta música y tanto, tanto, tanto.

Un cronómetro en la pantalla hace una cuenta regresiva: del 10 al cinco empiezan los gritos. Del cinco al uno la tensión. En el cero todo estalla como si fuese una bestia contenida, una bestia a la que le dicen dale, ahora sí, corré, saltá, bailá, gritá: ahí está ella.

Es 7 de octubre de 2022 y Tini —Martina— Stoessel, cantante argentina, 25 años, aparece como una estrella de rock en el escenario que montó en el Estadio Centenario.

Golpea una batería con convicción, sacude el pelo, denso y suelto, y sonríe. Mientras, a su alrededor se va armando un dispositivo de pantallas y luces y brillos y bailarines. Entonces se para, mira desde la altura de ese escenario impresionante, canta. Y empieza una fiesta.

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Es 2007 y Tini, hija del productor televisivo Alejandro Stoessel y Mariana Muzlera, aparece por primera vez en televisión. Tiene 10 años y es parte de unos pocos capítulos de Patito feo, la novela de Canal 13. Mucho tiempo después dirá que siempre supo que quería cantar, actuar y bailar: que esa era su burbuja.

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Después del Centenario, los medios en Uruguay hablarán del “fenómeno Tini”. Dirán que es la primera mujer solista en presentarse allí. Que había 46 mil personas. Y, aunque habrá quienes digan que por la disposición del escenario hay una diferencia en la cantidad de entradas vendidas, hay un dato que no admite matices: en Uruguay Tini logró lo mismo que Paul McCartney, agotar el Centenario.

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La historia dice que en Disney buscaron por un año a la protagonista para Violetta, una telenovela musical y juvenil. Y que Tini se presentó al casting el último día. Que cerró los ojos y cantó. Que cuando los abrió todos estaban llorando. Lo demás es conocido: fue elegida como protagonista. Tenía 14 años. El primer capítulo se emitió en 2012. Violetta se vio en Latinoamérica, Europa, Israel, Medio Oriente, algunos países de África. Además, incluyó shows y giras por el mundo. Y ahí estaba ella, sobre un escenario, cantando y bailando, aprendiendo, girando en medio de gritos y de sonrisas y de elogios, transformándose, de un momento a otro y casi sin darse cuenta, en ídola, en estrella, en euforia.

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En mayo de 2022 hizo seis funciones agotadas en el Hipódromo de Palermo, en Buenos Aires. En cada una hubo más de 17 mil personas. Después siguió por el interior de Argentina, por América Latina y por España. En total, dicen algunos sitios, reunió a 600.000 personas en distintas partes del mundo. En diciembre hará dos nuevas fechas en el Campo Argentino de Polo.

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¿Cómo se explican 600.000 personas alrededor del mundo para ver el show de una piba argentina de 25 años?

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Diego Lerner es presidente de The Walt Disney Company Latin America. En 2019 dijo a La Nación: “Cuando empezamos a pensar en importar a Martina a Europa, más allá de las barreras idiomáticas o culturales que pudiera tener, yo entendí que había algo de la frescura, el carisma y el ángel de Tini que iba a superar esos escollos. Su capacidad actoral, su manera de comunicarse y de llegar, su talento y su personalidad son únicos. Entonces dije esto tiene que funcionar. Nunca imaginé que iba a resonar en países como Suiza, Alemania o Polonia”.

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El 5 de noviembre de 2022 un usuario de Twitter escribe “Tini, sos mi lugar preferido hace diez años”.

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En 2016, después de cerrar Violetta, lanzó su primer disco, Tini: incluía canciones en inglés cercanas al pop con baladas románticas y dulces. Dos años después editó, Quiero volver. Entre el pop y los lentos había temas —casi todos colaboraciones— como Princesa, con Karol G, o Te quiero más, con Nacho, que eran unas canciones que anunciaban lo que venía: Tini estaba dispuesta a conquistarnos a todos, sin importar edad, sin importar nada, y ponernos a bailar. Entonces aparecieron sencillos como 22 o Suéltate el pelo, Fresa, Recuerdo, Ella dice, y así hasta llegar a Miénteme, la canción que canta con María Becerra y que es, hasta hoy, su tema más escuchado. Salió en abril de 2021 y tiene, hasta fines de noviembre de 2002, 479.929.257 reproducciones en Spotify. En el medio sacó Tini, tini, tini, su último álbum, y canciones como Bar, con L-Gante, o La triple T, que apuntan a lo mismo: a hacernos bailar.

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El padre de Tini está internado. Ella suspende sus shows y se pasa los días acompañando a su familia. Es marzo de 2022. Afuera del hospital una niña le pide una foto. Tini accede. Mira a la cámara. Sonríe.

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En YouTube se puede ver completo: es un show en el Teatro Maipo, íntimo, pequeño, sin pantallas, sin brillos. Un telón rojo se sube y ahí aparece ella, más parecida a un ángel que a cualquier otra criatura, vestida de plateado ante un fondo negro. Lo que sigue quizás contenga alguna respuesta: Tini despliega todo lo que tiene en la voz y en el cuerpo, cierra los ojos, sonríe, baila, sabe qué decir y cuándo hacer silencio. Desde la platea alguien dice te queremos, Tini. Y ella responde “yo también los quiero con todo mi corazón”. Tal vez todo se trata de eso: de ese carisma, de esa delicadeza, de esas formas. Pero tal vez, también, tenga que ver con el tiempo: en este mundo donde todo es frágil, en el que todo se rompe o se olvida o pasa rápido, ahí está ella, cantando y bailando, acompañando a generaciones enteras desde hace diez años.

Sebastián Marset

A mediados de 2022 Sebastián Marset ocupó las primeras planas de los medios porque, siendo investigado por la Justicia internacional como líder de un “clan familiar” vinculado al narcotráfico, pudo salir de una cárcel en Dubái solicitando un pasaporte uruguayo.

MINI BIO

Es el uruguayo de mayor renombre en el negocio de la droga a nivel regional. Está requerido y prófugo tras acceder a un pasaporte uruguayo y salir de prisión.

FRASE DEL AÑO​

“Está un poquito incómodo para mí. Un poquito bastante. Les pido, por favor, que terminen con eso. Si tienen pruebas de algo, hablen tranquilos”.

El mayor narcotraficante uruguayo

por Raúl Santopietro

“Podrido me tienen”, decía Sebastián Marset desde dentro de un auto, mirando a la cámara de su teléfono celular, con tapabocas y grandes lentes de sol que no permitían ver su rostro. En ese entonces, fines de agosto, ya ocupaba los titulares de diarios como el narcotraficante uruguayo de mayor renombre, requerido y también prófugo.

“No hay otra cosa de qué hablar que no sea mío”, agregaba en un video enviado a la televisión. Y tenía razón. A mediados de 2022 fue el principal tema de conversación durante semanas. Decenas de notas se escribieron sobre él intentando contar quién era, si eran reales sus fachadas como futbolista profesional o productor musical, cómo había crecido en el mercado de la droga y si realmente existía y lideraba el Primer Cartel Uruguayo.

Pero, más allá de esa biografía de película, lo que lo ubicó en el centro del debate político fue la tramitación y entrega por parte de Cancillería, de forma exprés, de un pasaporte uruguayo estando preso en Dubái en setiembre de 2021 por intentar ingresar a Emiratos Árabes Unidos con un documento de viaje paraguayo falso.

Una década atrás el nombre de Marset ya aparecía vinculado al mercado de la droga. A sus 21 años el joven nacido en abril de 1991 en Cerrito de la Victoria demostraba gran capacidad para contactarse en las altas esferas delictivas. Por aquel entonces logró asociarse con Juan Domingo Viveros Cartes, alias Papacho, tío del expresidente paraguayo Horacio Cartes, con el que traficó marihuana. Uno de sus cargamentos, con 450 kilos, llegó al país y Marset era el encargado de recibirlo, pero fue interceptado. Si bien evitó ser capturado, unos meses después cayó preso cuando la Policía lo detuvo con 137 kilos de marihuana.

Se dice que la cárcel puede ser “una escuela del delito”. Y en su caso el Penal de Libertad lo fue. Mientras cumplía su condena Marset se contactó con varios narcotraficantes de carrera, algunos extranjeros, que enseguida se interesaron en las curiosas credenciales con las que fue detenido. Marset salió fortalecido en 2018. Y tres años le bastaron para montar una gran organización criminal, que la inteligencia paraguaya definió como “clan familiar”.

Antes de abandonar Uruguay y construir su red en Paraguay, estuvo en Bolivia y allí se presume que fundó el Primer Cartel Uruguayo, cuya sigla PCU firmó un mensaje en mayo de 2020 dirigido a la fiscal de estupefacientes Mónica Ferrero, amenazándola con matarla. A este cartel se le atribuyó, por esas fechas, el ataque a la sede de la Brigada Antidrogas del Prado, con una bomba molotov.

En Paraguay Marset logró consolidarse y fue donde creció su poderío. Sus contactos en distintos países de la región lo posicionaron como “el gerente de la hidrovía”.

En la cadena del narcotráfico, la inteligencia paraguaya explica que hay al menos cuatro etapas -de tránsito, acopio, exportación y lavado de activos-, que requieren tareas de extrema especialización. Marset estaba encima de todas. Por eso los investigadores entienden que él es “el principal ideólogo, organizador y supervisor de las operaciones” de su grupo criminal.

Su crecimiento en la organización delictiva lo llevó a buscar diversas maneras de blanquear la enorme cantidad de dinero ganado. Así se convirtió en jugador de fútbol profesional debutando en el Deportivo Capiatá, con la número 10 en la espalda por la que pagó 10.000 dólares a quien la usaba en ese entonces. Fue un pasaje sin gloria. La aventura futbolística duró menos de una decena de partidos, en los que no convirtió ningún gol y erró un penal. Pero no pasó desapercibida para sus compañeros que lo veían llegar a entrenar en autos de alta gama, algo inusual en un cuadro de la segunda división. Luego, parte de su fachada fue mostrarse, dando su nombre real y retratándose, como productor musical. O al menos así aparecía en portales de diversos países como alguien con más de “15 años en la escena musical”. También quiso ser representante de futbolistas y montó un taller mecánico para autos de alta gama. Su “clan” adquirió una empresa de venta de automóviles y motos, una importadora de alimentos y se presume que compró campos y miles de cabezas de ganado.

Desde 2019 las investigaciones policiales paraguayas pusieron el ojo sobre él. Una a una se sumaron las imputaciones, que hoy llegan a 12, y los pedidos de captura internacional. La operación Smart solicitó en 2021 que se abriera una causa penal como cabecilla del “clan familiar”. La Justicia no dio lugar. Pero sí lo hizo a inicios de este año cuando la operación A Ultranza Py, el mayor golpe al crimen organizado en Paraguay, lo ubicó en un rol central vinculado a la comercialización de droga en ese país.

Su nombre pasó a ser considerado como sospechoso de dos homicidios: el de Mauricio Schwartzman, de setiembre de 2021 -asesinado, presuntamente, por haber incidido en la elaboración del pasaporte falso con el que Marset fue detenido en Dubái-; y el del fiscal paraguayo Marcelo Pecci, muerto en mayo de varios disparos en Colombia.

Para ese entonces Marset ya se encontraba requerido por Interpol y, al mismo tiempo, prófugo. En setiembre de 2021 fue detenido en Dubái por poseer documentación falsa, pero la gestión del abogado Alejandro Balbi le permitió acceder al pasaporte uruguayo y fugarse. Pese a su prontuario en Uruguay, en ese entonces ya no tenía antecedentes porque no contaba con causas abiertas.

La única noticia que hubo de Marset desde que estalló el escándalo fue el video pidiendo que no hablaran más de él. El número de teléfono desde donde lo envió tenía característica de Sudáfrica. Pero el paradero del mayor narcotraficante uruguayo es una incógnita.

*La polémica en torno al pasaporte otorgado a Marset derivó el lunes 19 de diciembre, luego de publicado este anuario, en la renuncia de la subsecretaria del Ministerio de Relaciones Exteriores, Carolina Ache. Esto tras difundirse conversaciones mantenidas con el subsecretario de Interior Guillermo Maciel el 3 de noviembre de 2021, quien le había advertido que Marset, entonces detenido en Emiratos Árabes Unidos por portar documentación falsa, era un narco “muy pesado y peligroso”.

Wanda Nara

Se mantuvo en la cima de los consumos populares que las audiencias eligieron como entretenimiento. Como noticia, foto o meme, por muchos de nuestros teléfonos ha pasado alguna vez un capítulo de la telenovela permanente de sus escándalos y sus amores.

MINI BIO

Nació en 1986, arrancó como vedette experta en el escándalo de televisión. En 2008 se casó con Maxi López y dejó inaugurado un nuevo sujeto mediático: el de la botinera que se vuelve manager.

FRASE DEL AÑO​

“Están todas las minas en otra, nadie quiere familia, nadie quiere hijos, las minas están en cualquiera pero posta, literal… No saben ni de qué sexo son la gente”

Entretenimiento blando en el celular

por Alejandro Seselovsky

Si Wanda Nara sigue ahí, ocupando un lugar en la paleta de personajes que le dan combustión al espectáculo de masas argentino, es porque expresa una sobrevida: la del entretenimiento fraguado por el escándalo mediático, un tipo de show que solía ser exitosamente traficado en el piso en vivo de Marcelo Tinelli.

Ahora bien, ese mundo está en retirada. Marcelo ya no consigue medir dos dígitos y el escándalo que estamos consumiendo desaforadamente ya no es parte de un reality prescrito, sino de una realidad dramática. Entertainment politik, el nuevo espectáculo argentino es el de su devenir político: la política, hoy, es el nuevo show. Wanda, en todo caso, es la Constantinopla que aún no ha caído, la reserva pertinaz de un mundo que ya fue.

¿Cómo consigue Wanda eludir el derrumbe de una era y seguir en pie durante la siguiente? ¿Cómo compite en la agenda de los medios contra el magnicidio fallido de una vicepresidenta transmitido en tiempo real; contra un libertario espectacularmente rabioso que se lleva las luces cada que vez que aparece bajo su tórrida peluca; contra el cine catástrofe de una guillotina montada en Plaza de Mayo o la comedia negra de un gobierno que gusta dispararse en el pie? En definitiva, ¿cómo le pelea minutos de aire y centimetraje de redes a un concurso que nos tiene pegados a la pantalla de los canales de noticias? Bueno, para empezar, comprendiendo que la pantalla ya no es potestad de ningún conductor, ahora es autogestiva; Wanda entendió que la única pantalla apta para negociar su contenido es la de su celular. Condensó a los canales que le daban cámara en el interior de su teléfono, y ahora tiene en la mano su propia cámara y su propio canal. Ha nacido con esa habilidad, Wanda. La de diseñarse sola. Tenía 22 años cuando me recibió en su casa del barrio privado Santa Bárbara. En aquel momento le pregunté:

-¿Eras virgen cuando decías que eras virgen?

-No.

-¿Y estuviste con Maradona cuando decías que habías estado con Maradona?

-No, tampoco.

-¿Por qué no dijiste la verdad?

-Porque la verdad no me servía.

Pilla, que es la forma rioplatense de decir: viva. Sobreviva.

La del espectáculo y la política es la historia de una deglución, la historia de cómo uno fue devorado por la otra. Y tenemos una Wanda Nara para cada uno de los momentos donde esta historia dobla el codo.

En 2001, año del doloroso restart argentino, el espectáculo parodió a la política y la política se molestó. De hecho, el expresidente Fernando de la Rúa culpó a la tinellización de la cultura por la caída de su gobierno. Freddy Villarreal había compuesto un De la Rúa que podía verse como la imitación de su torpeza, pero también como un ensayo politológico de su desgobierno. Con 14 años, Wanda ya aparecía en la versión zonal que el diario Clarín distribuía en Vicente López hablando de las necesidades solidarias de su barrio.

Para 2009, la política ya había comprendido que hacer pataletas porque la imitaban no era negocio, que el negocio estaba en ir hacia sus parodiadores porque ellos sabían hacer reír a la personas que después tenían que votar. Francisco de Narváez visitó el piso de Marcelo Tinelli y le hizo el juego a su imitador. El chiste de “alica, alicate” funcionó. Y De Narváez le ganó a Néstor Kirchner las elecciones de medio término en la provincia de Buenos Aires. Wanda estaba casada con Maxi López, vivía en Santa Bárbara en una casa con muelle propio. Y había pasado de botinera a señora de.

En 2015, Daniel Scioli cerró su campaña a presidente de la nación (Uruguay es una república, la Argentina es una nación, Sanguinetti dixit, una remera que diga) en el piso de Tinelli, pero el espectáculo ya no le podía garantizar a la política triunfos ni empatías. Y Scioli perdió. Wanda, mientras tanto, recibía de Mauro Icardi, su esposo después de Maxi López, un bolso Birkin. El jugador la filmaba abriendo su regalo, subía el video y entonces las redes se prendían fuego.

En 2022 la deglución se ha consumado. Tinelli no mide y Gran Hermano, que la rompe, arma un casting con una diputada nacional mandato cumplido por el kirchnerismo y un posteador de las narrativas de la derecha dura negacionista. Si eso no es meter la colisión política argentina dentro de la casa más famosa, no sé qué otra cosa pueda ser. Wanda sigue sumando capítulos a las temporadas de su novela permanente. Apertura de los locales Wanda Cosmetics. Separación de Icardi. Romance súbito con L-Gante. Reconciliación con Icardi. Y así.

En un país atribulado, descreído de sus horizontes, empobrecido, en trance continuo de antinomia cruda, Wanda ofrece entretenimiento blando, carne de chisme puesta sobre el brasero de los grupos de WhatsApp. Messi y la selección, Wanda y sus enredos, la verdad es que no están sobrando los asuntos que los argentinos podamos comentar sin tirarnos con el padrón electoral por la cabeza. Esto, como todo, un día también pasará. Mientras tanto, en el incendio de la época que a la Argentina también le toca, Wanda nos divierte. Para criticarla, para salir en su defensa, Wanda Nara es una sobreadaptada de las sucesivas épocas de la comunicación que sabe cómo hacer para que nunca nos falte la materia entusiasta de su circo.

Federico Valverde

Es uno de los grandes futbolistas que Uruguay lanzó al mundo en los últimos años y explotó en 2022. Dejó atrás su apodo de Pajarito y se convirtió en Halcón gracias a su talento. Hoy es goleador y titular indiscutido en Real Madrid y la selección uruguaya.

MINI BIO

Mediocampista de la selección uruguaya y del Real Madrid, hoy es considerado uno de los mejores en su puesto.

FRASE DEL AÑO​

“El proceso de cambiar el apodo me ayudó a crecer. A nivel futbolístico también cambié bastante, maduré mucho dentro y fuera de la cancha”.

El año que nació el Halcón

por Mariana Malek

“Mamá, soñé que jugaba en un equipo vestido de blanco”, le dijo Federico Valverde una mañana a su madre cuando el deseo de ser futbolista profesional aún estaba en pañales. “Todos gritaban Fede, Fede”, le contó después. Sueño, anhelo o premonición, menos de cinco años después de aquella mañana en Montevideo, el “Pajarito” levantó vuelo y se convirtió en Halcón.

La historia de Federico Valverde tiene varios capítulos. El primero es en Montevideo: hizo sus primeras armas deportivas en Estudiantes de la Unión. Luego pasó a Peñarol, club en el que se formó en las divisiones juveniles y donde, según confesó en varias ocasiones, sufrió porque no le gustaba correr. Y eso que hoy es una de sus características fundamentales.

También hizo el proceso de selecciones juveniles y su talento llamó la atención de las potencias globales. 

Entonces vino el salto al exterior. Ese que soñó en su cama en Montevideo y que lo guio hasta el equipo blanco. En aquel momento empezó a escribir el segundo capítulo de su historia, en España y de la mano del equipo merengue. 

Emigró tras deslumbrar en la selección sub 17 y se incorporó al plantel del filial del equipo madrileño, el Real Madrid Castilla. Luego fue cedido a La Coruña, para agarrar rodaje en Primera División. 

En 2018 quedó fuera del Mundial de Rusia con la selección uruguaya y fue un duro golpe, pero no se dio por vencido. Lo mejor estaba por venir.

En 2019 empezó a trabajar con el equipo principal del Real Madrid y enseguida se consagró campeón del Mundial de Clubes. De a poco, el Pajarito mostraba sus alas de halcón. 

La explosión vino en 2022. El técnico del Real Madrid, Carlo Ancelotti, comenzó a darle vuelo y una vez que se elevó no paró. A partir de abril el centrocampista uruguayo pasó de ser el recambio a pieza clave en el 11. 

En mayo se consagró y levantó la orejona de la Champions League, que su equipo ganó con un gol en el que dio la asistencia. Luego del partido, con la frescura que lo caracteriza, Valverde confesó que se pasó yendo al baño de “los nervios” por disputar la final. 

Pero el 2022 le seguiría dando buenas noticias. Convertido en Halcón, acudió al llamado de Diego Alonso, responsable del nuevo apodo del futbolista que aún no llegó al cuarto de siglo. Viajó de París a Estados Unidos para jugar amistosos con la celeste y luego llegó fugazmente a Uruguay para despedirse de su gente. 

En Montevideo protagonizó una polémica en la que señalaron que no quiso sacarse una foto con el presidente Luis Lacalle Pou. Sin embargo, él le restó importancia al drama y dijo que no fue algo buscado. 

En agosto se retomó la actividad deportiva en Europa y, luego de unas merecidas vacaciones en Ibiza, Valverde volvió a las canchas encendido. En una disputa personal con el técnico, quien lo hace jugar de puntero cuando él prefiere jugar por el medio, Ancelotti le dijo que si esta temporada no hacía 10 goles él se retiraría. El italiano tenía razón: antes del parate por el Mundial Valverde ya había anotado ocho goles y había dado cuatro asistencias, además de ser elegido el mejor futbolista de su equipo en septiembre y octubre.

Figura y pico en Real Madrid, el Halcón siguió volando en todas las canchas: el Santiago Bernabéu, las que visitó por Champions y por LaLiga. Recibió elogios de propios y ajenos y confesó que está en su mejor momento emocional. 

En diálogo con Ovación, Valverde reconoció que su cambio y protagonismo en 2022 no fue algo que llegó del cielo. Fue un proceso, en el que buscó ayuda: un coach y un nutricionista para acompañarlo en lo psicológico y lo físico han sido claves para mantenerse en vuelo. También explicó la importancia de contar con el apoyo de su pareja, la argentina Mina Bonino, y de su rol como padre de Benicio. 

Además, el Halcón es una pieza clave en el mediocampo de la selección uruguaya y esta vez su nombre no estuvo en dudas para viajar al Mundial de Qatar. De hecho, al igual que en su equipo, Valverde es un engranaje fundamental en Uruguay. 

El entrenador Diego Alonso lo sabe y por eso tuvo una charla seria con él. Lo visitó en España y lo motivó. Aunque el contenido de la conversación es privado, el jugador reconoció que lo ayudó mucho y esa confianza se nota dentro de la cancha. 

En su primer Mundial el Halcón fue elegido el jugador del partido en el debut ante Corea del Sur (y pegó un tiro en el palo que, de haber entrado, hubiera cambiado todo). Contra Portugal no pudo mostrar su mejor versión, algo que remedió en el encuentro con Ghana. Es verdad que no tuvo el debut soñado en un Mundial pero, como él mismo dijo, el fútbol da revancha. Y probablemente los uruguayos tendremos Halcón para rato.

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